Osuna: Jornada XXIV aniversario Diamantino García

Quan:
10 Febrer, 2019 @ 09:30 UTC Franja horària
2019-02-10T09:30:00+00:00
2019-02-10T09:45:00+00:00
On:
Escuela Universitaria de Osuna

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Los últimos años están siendo muy duros para los derechos humanos en el mundo, entre otros factores porque guerras actuales como las de  Siria, Yemen, Sudán del Sur y República Centroafricana han causado cientos de miles de víctimas, y la huída de sus hogares de millones de familias.

Las grandes potencias económicas con su ambición y los grandes beneficios del negocio de las armas generan -además de destrucción y  muerte- un desesperado y masivo movimiento de población que huye de los conflictos y cruza el Mediterráneo buscando refugio.

Europa, que conoció movimientos migratorios semejantes cuando su propia población huía asustada de la maquinaria de guerra nazi, o España, que conoció fenómenos de semejante magnitud tras el alzamiento fascista de 1936, responden a este llamado de auxilio con políticas abiertamente xenófobas o con acuerdos y protocolos supuestamente humanitarios que nunca llegan a plasmarse. El resultado son muertos en el mar, devoluciones o confinamientos que conculcan los derechos humanos, muros más altos, alambradas más sólidas y fronteras más tupidas y militarizadas.

Según los datos más recientes del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) los grandes fabricantes de armas del mundo facturaron el año pasado 398.200 millones de dólares, un volumen de negocio que no para de crecer año tras año… Y entre los países fabricantes y exportadores de armas está España, fluctuamos entre el sexto y el octavo puesto mundial en exportación de armas.

Uno de los países a los que España vende armas es Arabia Saudí (sólo en 2017 por valor de 270 millones de euros, 90 de los cuales eran en municiones, entre las que se encuentran las 400 bombas de precisión láser). Una dictadura, la saudí, que mantiene una guerra extrema contra uno de los bandos en Yemen que ha provocado ya la muerte de más de 15.000 civiles (casi la mitad de éstos eran niños), 50.000 personas
han resultado heridas, y tres millones de ciudadanos/as yemeníes se han convertido en desplazados o refugiados, huyendo de la guerra y la miseria.